Fanta de limón. Cada mediodía, durante dos años, tomé una fanta de limón. Bebiéndola, entre horas de clases, comíamos pipas y contábamos historias. Yo solía estar callado y escuchar. En realidad no me intersaba demasiado estar allí. Sin embargo ahí estaba cada día, con la fanta limón y las pipas de girasol, escupiéndo las cáscaras al suelo como buen quinceañero. Pensando probablemente en el día anterior, tarareando una canción que me tuviera atrapado. La cosa es que escuchaba historias de otras personas y trataba de empatizar con ellas. No se me daba muy bien. Un día me hablaron de un edificio. El edificio era, a mi ver, lo más inútil del planeta. Sin embargo, era un referente en la utilización del espacio, de los materiales. una auténtica genialidad. Todo encajaba perfectamente, todo estaba ahí porque tenía que ser así. Y después de toda esa genialidad, el edificio seguía vacío y nadie sabía muy bien para qué usarlo. De vez en cuando lo usan para alguna exposición o algo por el estilo. Pero la mayor parte del tiempo está ahí vacío, a la vista de todo el mundo. Mostrando su perfección a miles de turistas, posando como modelo para estudiantes de diseño o de arquitectura. Y como cada día, la historia se acabó, la fanta de limón también.
Años más tarde encontré ese edificio. Le di la vuelta. Lo observé desde todos los ángulos y perspectivas. Ahí estaba, descansando. Perfecto. Silencioso. Satisfecho. En paz. Vacío. Y algún alumno de arquitectura o de diseño lo retrataba en algún boceto. O contemplaba cómo se desplazaban las sombras perfectas que le regalaba el sol.
Y sí. Finalmente, entendí esa belleza. Pero sigo pensando que como edificio es totalmente inútil.
eso explica porque cuando viajas a argentina lo que unico que traes de fotos son inutiles edificios!
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