jueves, 22 de octubre de 2009

Ordinario

En un examen de filosofía me preguntaron si la vida tendía a organizarse o a desorganizarse. Yo contesté que tendía a desorganizarse. Luego hablé con la que entonces era mi novia y ella me dijo que me había equivocado. Por ejemplo, me dijo, cuando en un concierto la gente empieza a aplaudir, todos los aplausos empiezan descoordinados, sin embargo, si los aplausos duran un rato, siempre se acaban sincronizando rítmicamente. Entonces me pareció una explicación estupenda. A día de hoy, la sensación vital es más difusa. El orden y el desorden quedan para tomar el té a las cinco pero lo acaban tomando a las nueve y les da igual. Los aplausos no duran toda la vida. En cuanto se organizan, pasa la euforia y algunos dejan de aplaudir. Finalmente algún exaltado da el último aplauso. Y los aplausos mueren después de una agonía asíncrona y decadente.

lunes, 5 de octubre de 2009

Comunicando

Llegan sus palabras con algo de retraso. Primero las pronuncia, luego viajan hasta mi oido, por teléfono. Mi martillo, mi estribo y mi yunque se ponen a bailar. Y no sé en qué momento se me erizan los pelos de los brazos o se me encienden los ojos. O el estímulo sonoro llega realmente a mi cerebro y éste ordena que los pelos se pongan de pie y los ojos distorsionen. O directamente las palabras llegan cargadas de algún tipo de energía anticientífica, capaz de envolver mi cuerpo y modificarlo. Creo que las dos cosas suceden a la vez. Primero la ráfaga energética paranormal, luego mi cerebro procesa. Y así llegan sus palabras con retraso. Y primero mi cuerpo se estremece y luego empiezo a descifrar qué me está diciendo.
Como cuando uno piensa en voz alta. La idea está ahí, pero no cuaja hasta que las palabras no se pronuncian perfectamente.

viernes, 2 de octubre de 2009

Conversación bucal

En un ataque de autoestima los dientes gritaron:
- Somos los más duros de esta cueva!
Y la lengua contestó:
- Está bien, a veces me aplastáis y me hacéis alguna herida, pero justamente por ser la más blanda ni me rompo ni me caigo. A parte, saboreo la vida en cada momento y no me pueden reemplazar.
Después de oir esto los dientes tuvieron dentera.