lunes, 5 de octubre de 2009

Comunicando

Llegan sus palabras con algo de retraso. Primero las pronuncia, luego viajan hasta mi oido, por teléfono. Mi martillo, mi estribo y mi yunque se ponen a bailar. Y no sé en qué momento se me erizan los pelos de los brazos o se me encienden los ojos. O el estímulo sonoro llega realmente a mi cerebro y éste ordena que los pelos se pongan de pie y los ojos distorsionen. O directamente las palabras llegan cargadas de algún tipo de energía anticientífica, capaz de envolver mi cuerpo y modificarlo. Creo que las dos cosas suceden a la vez. Primero la ráfaga energética paranormal, luego mi cerebro procesa. Y así llegan sus palabras con retraso. Y primero mi cuerpo se estremece y luego empiezo a descifrar qué me está diciendo.
Como cuando uno piensa en voz alta. La idea está ahí, pero no cuaja hasta que las palabras no se pronuncian perfectamente.

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