sales a caminar sin ver nada. Primero te arrastran por el camino hasta que ya logras adaptarte y vas tú solito. Entonces te dicen, ve por ahí, por ahí no vayas. Luego vas por todas partes porque te das cuenta de que otras personas te dicen que vayas por donde no deberías ir y que no vayas por donde sí deberías ir. Te sientas un rato en una esquina porque te cansas. Ahí sentado ves a gente arrastrando a otra gente, a gente sugiriendo a otra gente y a gente caminando. Ahí sentado ves que todo el rato es lo mismo, que todo se repite constantemente y que nada tiene sentido.
Sin embargo, cuando te levantas estás totalmente desorientado, ya no sabes de dónde venías ni hacia dónde ibas. Alguien te empuja y la inercia te hace caminar. Ahora ya nadie te guía, nadie te aconseja. De hecho nadie te habla. Estás solo y te empujan por todas partes. Por todos los caminos hay personas que van y vienen. Por todos los caminos hay huecos donde cabes. Algunos más incómodos que otros.
Sin darte cuenta ya ni ves dónde te habías sentado a descansar, ya ni ves el origen ni el final de tu paseo. Te sientes inmerso en la marea de paseantes y te das cuenta de que eres igual que todos los demás, a los que juzgaste cuando estabas tranquilamente sentado, a los que arrebataste el sentido. Ves que tú también eres más de lo mismo y deambulas sin destino y sin origen.
y aun así, sigues caminando y intentando darle más sentido a tu paseo que al de los demás.
De tanto en tanto ves a alguien que camina totalmente erguido, sonriente, sin dudas. Sientes que alguna vez tu paseo fue igual de intenso y te preguntas si en algún momento volverás a recuperar esa luz. Y de vez en cuando ves algún destino que te llama la atención pero nunca lo alcanzas, cuanto más cerca estás de él, menos te interesa y acabas abandonándolo cuando te quedan dos pasos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario