eran las tres, eran las cuatro. Compré un globo rojo y paseé por ahí. No tenía hambre, ni tenía sed. Era un hombre con un globo rojo. Un niño me miró y me pidió el globo. Se lo dí. Su madre me dio las gracias. Conté los pasos hasta la siguiente esquina. 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23 y como no quise acabar en un número primo, dí un pasito corto y tramposo y salí victorioso. Everyday heroe. Entré así en una nueva calle. Nunca había estado allí. Era una calle peatonal, poco transitada. Oí una música parecida a la de un circo que venía de detrás de la curva. Antes de la curva me quedé mirando unos graffitis. En uno había un triángulo con un ojo. Típico. El otro era un dibujo de un hombre y una mujer, con un trazado infantil, desnudos. Los dos miraban hacia arriba. Arriba estaba el ojo. La mujer señala, el hombre mira. Al doblar la curva me encuentré al tipo que hacía la música. Era un tipo moreno, con bigote y sombrero de cowboy. Tenía una especie de acordeón apoyado en un palo. Parecía el instrumento de un pirata cojo. No tocaba muy bien. Las notas se entremezclaban y la melodía sonaba como tropezada, como si le hubiera faltado una pata. Cuando acabó su canción le dí unas monedas y él me contestó diciendo buen viaje. Más adelante había una tienda de disfraces. Entré y me compré un disfraz de mago. Tenía capa y sombrero. Y así paseé por el callejón. En cuanto me despisté, un conejo saltó del sombrero y me dijo algo que no conseguí entender. Creo que estaba hablándome en latín. Al ver que no lo entiendí, el conejo me miró confundido y repitió la frase. Seguí sin entenderle. Entonces el conejo se puso a dar saltitos y yo traté de seguirlo. Nada, el conejo dobló en una esquina, pero iba muy rápido, cuando llegué allí, ya no lo vi por ningún lado. Justo en esa esquina había una entrada a un local llamado Tlön. La carrera para perseguir al conejo me había dejado algo sediento, así que entré en Tlön pensando que era un bar cualquiera. El local era oscuro y estaba lleno de detalles, amontonados en las paredes. Muchísimos cuadritos oscuros, como si llevaran comiendo humo durante dos siglos. Sin embargo, a pesar de la tiniebla del lugar, todo se podía contemplar con un nivel de detalle poco común. Los artículos de decoración tenían una especie de luz propia, nada eléctrico, una especie de brillo natural que hacía que tuvieras la sensación de que todo estaba vivo allí. Todas las piezas, todas las partes del local parecían estar flotando en una especie de antigravedad. A la izuquierda había un espacio pequeño, un sofá rojo, dos pequeñas butacas verdes y una mesita de madera con un solo pie en forma de cono. La mesa era circular y el cono estaba invertido. Mágicamente, la mesa se soportaba por el vértice del cono y mantenía un equilibrio perfecto. En las paredes había recortes de periódicos enmarcados y un cuadro de un niño meando en un rio. Había un pequeño estante lleno de folletos y propaganda y un candelabro escondido detrás de un montón de cera. Una lámpara ovalada roja colgaba del techo, aunque no se podía ver el cable que la soportaba.
A la derecha el espacio era más amplio, había varias mesas y al fondo, detrás de una cortina de humo había un grupo de gente jugando a cartas. Nadie parecía enterado de que entré. En la parte superior de la pared, cerca del techo, había un estante estrecho que rodeaba todo el espacio. Encima había una colección de latas, latas de todo tipo de bebidas y una sección con unas veinte latas de cocacola todas distintas. En una de las paredes me sorprendió un marco enorme que contenía un pequeño verso de una oración gala: 'May the road rise to meet you'. Recordaba haber visto la oración completa en algún lado, pero ahí solo figuraba el primer verso.
Hacia el frente había un pasillo con luces de navidad y una pared verde. En comparación con el techo del espacio de la entrada, el techo del pasillo era muy bajo. Con vigas de madera, parecía estar doblado. Desde la entrada, el pasillo parecía retorcerse y encogerse. Hacía curva así que no se podía ver el otro lado. Justo al lado del pasillo, una pequeña puerta con una inscripción tallada: kyniklos. Era tan pequeña que supuse que era de decoración, pero cuando empecé a andar por el pasillo oí cómo se abría y cerraba de golpe. Al girarme vi al conejo saliendo corriendo hacia la puerta principal.
Al empezar a andar por el pasillo las cosas empezaron a cambiar de color. Las luces de navidad estaban cambiando de color y al ser la única iluminación, todo seguía el ritmo. Mis manos también. Después de caminar un rato me di cuenta de que el techo seguía siendo igual de alto que siempre. Sin embargo las luces de navidad eran cada vez más grandes. Al terminar el pasillo miré para atrás y no logré ver más que pasillo y luces de navidad. Saqué mis cartas de mago por si alguien trataba de asustarme al terminar del pasillo, pero para mi sorpresa allí no había nada. El suelo era negro, pero podía ver que más adelante era blanco. Las paredes eran infinitas. No cabía duda. Me había encogido. Lo confirmé al encontrar una mosca muerta del tamaño de mi cabeza. Me desesperé. Corrí de un lado a otro buscando a alguien de mi tamaño, pero nadie me vió. Estaba en un restaurante de lujo y la gente era gigantesca. Todos estaban muy bien vestidos y sentados bien derechitos, pero a mí me daba tortícolis verlos desde tan abajo. Finalmente conseguí hablar con unos tipos de mi tamaño. Los encontré a unos tres minutos caminando, debajo de una mesa redonda en la que comían unas ocho personas muy serias. Los tipos de debajo de la mesa eran todo lo opuesto a los de arriba, no paraban de reirse y bebían Grogg. Unos iban con sombreros de piratas y los otros cantaban una canción interminable que al principio parecía no tener ningún sentido, luego me di cuenta de que era la misma canción que tocaba el tipo del callejón. Me invitaron a un trago y se rieron de mí porque se me veía en la cara que era la primera vez que 'mi polla era más pequeña que al bañarme en agua fria'. Al segundo trago empecé a conquistarlos con mis trucos de cartas. Uno de ellos casi enloquece intentando descubrirme. Al final se puso a llorar. Les pregunté si sabían cómo hacer para volver al tamaño normal y me dijeron que alguno lo había conseguido pensando en ello durante mucho rato, que otro lo había conseguido soplándose hacia adentro. Y que en realidad todos podíamos volver al tamaño normal cuando queríamos. Pero nosotros estamos muy bien aquí, dijeron. Y los dejé tomándose su alcohol duro. Al levantar el mantel para salir de allí, uno gritó: NO TE PRECIPITES!
Así que salí de debajo de la mesa y me dije: muy bien, quiero volver a medir lo de siempre. Y justo en ese momento, empecé a crecer y a crecer y toda mi ropa se desgarró. Y de repente me vi totalmente desnudo en un restaurante de lujo, con un grupo de gente seria mirándome, una señora se subió a una silla y gritó escandalizada, como si hubiera visto un ratón.
Y bueno, me había precipitado. Así que hice lo que pude y salí de allí corriendo y riéndome, medio borracho. La calle estaba bastante transitada y justo delante mio, el niño con mi globo rojo y la madre me miraron con cara de terror. De un salto que asustó al niño, le saqué el globo de la mano y volando me fui de allí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario